Ecuac·ción 4 y 5 (piezas para auriculares) vuelven a visitar ruidos y convicciones que por estar tan asumidas, a la hora de separarlas de su rutina pueden resultar molestas. El audio ha sido pensado y grabado para situar al oyente en el medio de una conversación, en donde cada oído recibe una parte de la misma ecuación.

Todos somos conscientes del ruido que hacemos al comer o al lavarnos los dientes. La relevancia de tal ruido está tan interiorizada que podemos dejar de oírlo. Por el lado de la acústica clásica lo que escuchamos es el sonido como estímulo que puede producir la música, y por el lado de la perspectiva Gibsoniana estamos escuchando la música que consiste en estructuras invariadas del sonido ambiente bajo transformación. Según Ingold ambos acercamientos empiezan desde la definición física del sonido, como vibración mecánica sobre un medio. De tal forma, los oídos establecen la relevancia del sonido pero no su existencia, un árbol que cae en el bosque hace ruido aunque nadie esté allí para escucharlo. 

De forma paralela vivimos inmersos en numerosas convicciones. Dentro de la sociedad, incluso el tiempo está estructurado de tal forma que nos facilita ir a diario al trabajo, admitir un rol, un salario y una clase social. Una perspectiva innegable clasifica nuestros actos y nos aporta certeza a la hora de categorizar situaciones adoptando un método común para la mayoría. Esta perspectiva objetiva compone un marco simbólico que facilita posibles acercamientos entre sujetos y objetos en situaciones complejas. Nuestra sobrevivencia en el sistema capitalista es relativa al grado en que tal perspectiva es asumida en nuestra vida diaria.